viernes, 31 de octubre de 2008

La novela total

Carlos Segade


Cuando me piden consejo sobre qué leer, a veces siento la tentación de decir solo un título. Dime, por favor, el título de una novela histórica, mejor de amor, no, no, mejor que haga pensar o mejor aún, de aventuras, guerras y pasiones alocadas. Esa respuesta que nunca digo y que tengo en la punta de la lengua es siempre la misma: léete Guerra y Paz. Leer a Tólstoy es una gran experiencia como lector. Leer Guerra y Paz es una gran experiencia, me atrevería a calificarla de vital. Es una novela total.

Los americanos tienen un pequeño complejo literario que les lleva a escribir novelones inmensos, complejos y apasionados. Es lo que ellos llaman la búsqueda de la gran novela americana. Por muchas novelas, algunas muy buenas, que se han escrito en los Estados Unidos, todavía ninguna es la referencia que identifique al país. Lo que buscan viene a ser eso que nos pasa a nosotros con El Quijote, ya saben, España y los españoles, igual a Quijote.

Esa pasión por encontrar la gran novela me parece una aventura extraordinaria a la que animo a los estadounidenses a intentar conseguir, porque todos ganaremos cuando exista. A mi juicio, los rusos lo han conseguido con Tólstoy. Al contrario de lo que sucede con Dostoievsky, donde sus novelas se basan en una tesis más concreta, Tólstoy tiende a ver el mundo en su totalidad. Una gran novela de tesis es su otra maravilla, Anna Karenina, en la que a pesar de hablar del adulterio como tema principal, no puede evitar hablar de los fenómenos que rodean a los personajes y que dejan circundado al lector por los múltiples factores que determinan un ambiente social.

Salvando las discrepancias que otros lectores puedan tener sobre sus apreciaciones sobre Tólstoy y sin querer entrar en discusiones literarias, quisiera admirarme ante ese selecto grupo de escritores que han sabido plasmar en sus novelas ese sentido total de la realidad.

En la actualidad, tal vez por razones comerciales, se escriben novelas breves, concisas en recursos y en ideas. Una idea, una novela, a veces buena y otras regular. El escritor que tiende a escribir grandes novelas, como a mi juicio le pasa a mi admirado Juan Manuel de Prada, le falta ese sentido de la totalidad tan clásico y que da entidad a una narración. Lo conseguirá en el futuro.

Por su parte, los lectores nos acostumbramos a unos ritmos narrativos rápidos, incluso cinematográficos que ya Valle Inclán intuía y defendía. El lector va a ver lo que ve un personaje, con los matices que el escritor quiere que vea, pero no es menos cierto que la contemplación de los hechos, pasiones o sentimientos cobran una dimensión distinta cuando el lector penetra en ellos poco a poco, sin impresionismos ni golpes de efecto, sino con el peso propio de la narración pausada. Esa deglución sosegada de la realidad que nos lleva a la contemplación estética está prácticamente ausente de la literatura contemporánea.

Con todo esto no trato de convencer a nadie de que los escritores “de antes” son mejores que los contemporáneos. Pero permítaseme desafiar al lector, especialmente a los jóvenes con cierto bagaje, con la lectura de los maestros de la novela clásica, esos narradores que les enfrentarán a otro mundo, el mundo de la contemplación literaria total.

Carlos Segade

Profesor del Centro Universtario Vilanueva

3 comentarios:

Mariazell dijo...

Se ha muerto el blog?

Consuelo Martínez-Priego dijo...

Casi... gracias por escribir: eso anima bastante.
Feliz Navidad

Diletante dijo...

Siento disentir (perdón por el juego de palabras barato). Las novelas de Dostoievski parecen parciales, pero abarcan lo más profundo: el misterio del bien y del mal en el alma humana y en el mundo. Pocos libros han adelantado la historia del pensamiento occidental en el siglo XX como "Apuntes del subsuelo", que además es una novela breve y aparentemente rara. Y pocos escritos como "Los demonios", que algunos osados se atreven a calificar de novela fallida, han adelantado de modo tan profético la historia política del terrible siglo XX europeo.

Tolstoi... Sí, es un genio. Sus novelas son obras cumbre, tienen una pretensión de totalidad que sobrecoge al lector, y sin embrago resultan mucho menos profundas. En Ana Karenina, por ejemplo, se ve a las claras la absoluta incompresión del cristianismo que tiene Tolstoi. Muchos hablan de la profundidad con que Tolstoi reflexiona sobre el amor en esta novela, sin embargo es la suya una reflexión cercenada por su tesis-prejuicio. "¿Por qué se suicida Ana Karenina?", deberíamos plantearnos. Y la respuesta es sencilla: Tolstoi sólo aprecia el vigor físico, la perfección natural (la escena de la siega en Ana Karenina es simplemente sublime), la belleza corporal, la moral sin matices (o sea, la moral aria)... Por eso se suicida Ana; porque el autor no es capaz de entender qué es el pecado (lo considera un fallo intolerable, vergonzoso, imperdonable) y por ello no capta el valor de la redención. Tolstoi también habría "suicidado" a San pedro, a la mujer pecadora, a la Magdalena, a San Agustín..., porque no entiende la profundidad del amor de Cristo (en muchos aspectos se acerca más al paganismo que al cristianismo). Recomiendo vivamente leer su autobiográfica "Confesión" para comprender cómo era el personaje, y así releer su obra con nueva luz.

Lo dicho sobre "Ana Karenina" es extensible a "Guerra y Paz" y a su otra gran obra "Resurrección". Incluso puede apreciarse en su obra breve. ¿Qué prentedía, por ejemplo, cuando escribió "La muerte de Iván Ilich"? ¿Para qué ahondar con el sucio y ávido placer del voyeurista en el deterioro físico y moral de un enfermo condenado a morir en breve? El retrato del personaje, su estudio psíquico, apabullan por su expresividad y exactitud, pero ya advertía Ortega de que "sólo el necio confunde verdad con exactitud".

Dostoievski, en cambio, tiene la rarísima virtud de encontrar belleza y bien en las más espantosas ciénagas del mal y la depravación moral. Sus personajes viven, se le van de las manos a su autor, son -digámoslo así- "libres", y por eso las novelas de Dostoievski son "defectuosas" o "fallidas", como aventuran algunos. Tal vez ése sea el precio de ser libres, de manera parecida -y sé que el símil es arriesgado- a como los seres humanos se "le van de las manos" a Dios.
Al contrario que Ana Karenina, Raskolnikov no se suicida. De hecho, pocas episodios amorosos son tan deslumbrantes como el final de "Crimen y castigo": una prostituta redime mediante el amor a un asesino, leyéndole el evangelio de San Juan.

¿De verdad es Tolstoi más "completo" o "total" que Dostoievski?