sábado, 21 de febrero de 2009

Llenos de vida

Los Ángeles a comienzos de los años cincuenta, la década en que se construyó el mito del american way of life, en que los norteamericanos identificaron la prosperidad con los valores familiares y religiosos, en que los californianos de clase media querían una casa en un barrio residencial pero se conformaban con un rancho en forma de L. En una de estas casas, pero infestada de termitas, niebla tóxica en la calle y un tráfico infernal, vive un próspero guionista de la Paramount que a los treinta años ha renunciado a la rebeldía juvenil. Se llama John Fante y ha escrito tres novelas, pero sus circunstancias lo identifican más con el protagonista de Un año pésimo y también con el fracasado Bandini.
Llenos de vida” John Fante, Anagrama 2008

lunes, 12 de enero de 2009

Introducción al pensamiento de Ratzinger

Nuestros lectores tienen a su disposición una selección de libros escritos por Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI. Se trata de una lista introductoria del pensamiento de Ratzinger que pretende ser un primer acercamiento a su trayectoria, tan intensa y prolífica, con obras propias suyas y algún estudio reciente sobre aspectos generales de su teologia.

Introducción al cristianismo, de Ratzinger, Cardenal Joseph


Dios y el mundo, de Ratzinger, Cardenal Joseph


Verdad, valores, poder, de Ratzinger, Cardenal Joseph


La Eucaristía centro de la vida, de Ratzinger, Cardenal Joseph


Joseph Ratzinger. Vida y Teología, de Blanco, Pablo

domingo, 4 de enero de 2009

Desde el corazón

José Carlos Martín de la Hoz

Se trata de un escrito autobiográfico dictado por una mujer que lleva desde los 23 años (1985) inmóvil: no puede hablar, ni mover los párpados, actualmente sólo mueve un poco una rodilla. Se relaciona con el mundo cada vez más tenuemente, pero la cabeza y el corazón permanecen incólumes. La autora sabe que cada día que vive es un regalo de Dios y que su misión es ayudar a explicar al mundo la grandeza del amor de Dios.

Ella, mediante un complicado sistema de comunicación, se expresa y su enfermera lo recoge. Así pues es un libro que brota del corazón. Está escrito de modo inteligente y tiene un buen esquema. Por una parte aporta datos constantes de la realidad, esto hace que la redacción sea creíble. Constantemente el lector descubre que ni es falso ni es un invento: es una vida real.

Por otra parte la clave de la historia está en la experiencia de la muerte. El encuentro con Dios y el regreso: un regreso marcado por la tarea del amor a los demás y por el crecimiento en las virtudes para llegar al cielo.

La autora se muestra como una mujer inteligente, fina, enérgica, directa. Es claro que tiene una piedad fruto del diálogo con Dios y de la profundización de los misterios de la Santísima Trinidad, del sentido purificador del dolor, etc.

Es verdad que al lado de una enferma así, es la familia la que más sufre. Pero también crece. Sí los familiares envejecen, se gastan, pero tienen una constante y fecunda presencia de Cristo en la enferma que cuidan. La familia sufre, envejece, pero crece sanamente.

El libro muestra que hay mucho que explicar a una sociedad entregada a la diversión y con miras muy cortas. Quizás en esta familia están viviendo la oración del Padrenuestro: "Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo".

En cualquier caso ella y sus familia están asistiendo a un milagro que se ya prolonga 23 años, cuando los médicos dijeron que viviría 3 meses. El libro plantea muchos interrogantes y da respuestas vivenciales, pero el lector debe poner de su parte.

No se trata de un libro de lectura espiritual sino de pensamiento. El estilo escogido por la autora, a modo de diario resulta el más adecuado, pues se desarrolla en una línea de pensamiento conectado con fechas: el cruce diario de lo temporal con lo eterno. Desde el fondo de un alma al fondo del alma del lector.

Las páginas 118 a 185, donde se recogen sus conversaciones con otros difuntos y los recados que le transmiten para parientes y amigos pueden desconcertar y requieren de un buen grado de formación para ser bien entendidos. La autora los refiere como "la película Ghost hecha realidad".

José Carlos Martín de la Hoz

Bejano, O. (2002) Alma de color salmón, Madrid, Libros libres

martes, 30 de diciembre de 2008

Reviviendo el blog para Navidad

He de disculparme porque hace mucho que no actualizo el blog: espero no dejarlo tanto tiempo en el futuro.
Os dejo las recomendaciones de Navidad.
LIBROS PARA LEER EN NAVIDAD O PARA PEDIR A LOS REYES

La selección que presentamos pretende ofrecer algunos de los mejores libros de este año o que se encuentran en las librerías con facilidad y que tienen calidad literaria y humana. También se han incluído libros para niños con el fin de que puedan vivir las fiestas con un gran sentido cristiano.

El Belén que puso Dios, de Monasterio, Enrique

El alfabeto de los sueños, de Fletcher, Susan

Una lectora nada común, de Bennett, Alan

Yo fui Masón, de Caillet, Maurice

Enigmas misteriosos. Respuestas sorprendentes, de Batllori, Jorge

domingo, 19 de octubre de 2008

Para jóvenes lectores


Dentro de el inmenso catálogo de publicaciones juveniles que hay en lengua española, destacan las colecciones de una forma especial. Algunas series de títulos ya se están convirtiendo en clásicos, otras no ambicionan más que entretener y otras, como no podría ser menos, tendrán un lugar de preferencia en nuestras estanterías. De todos estos tipos, CDL presenta una lista de libros que pertenecen a colecciones que sobresalen por su calidad.

Artemis Fowl, de Colfer, Eoin


Sangre de tinta, de Funke, Cornelia


Kika Superbruja y los Piratas, de Knister


Geronimo Stilton en el reino de la fantasía, de Stilton, Geronimo


La llave del tiempo 1: la torre y la isla, de Alonso, Ana

sábado, 18 de octubre de 2008

Libro del mes de octubre

OCTUBRE 2008: "La abolición del hombre" C.S. Lewis

"La abolición del hombre" C.S. Lewis, Ediciones Encuentro, 2008

En plena II Guerra Mundial, cuando la contienda parece que exigía una cultureta charlatana y así como de arenga belicista, el escritor anglosajón ofrece unas conferencias en Oxford en las que no habla de las diabólicas acciones de Hitler en Europa sino de la educación de los más pequeños. Cosa francamente inusitada dada la revuelta internacional. La visión de futuro y esperanzadora de Lewis es clara, ¿qué se está enseñando en los centros de estudios?, ¿cuáles son los pilares que deben aprender los lactantes de las primeras letras para que puedan ser los portadores de un mundo más esperanzado que se inaugure tras la contienda mundial?

Algunas novedades

El asesinato de Roger Ackroyd, de Christie, Agatha

Mal de escuela, de Pennac, Daniel

El gran león de Dios, de Caldwell, Taylor

Una locura bastante razonable, de García-Huidobro, Joaquín

La última lección, de Pausch, Randy

El modernismo

José Carlos Martín de la Hoz


Han transcurrido 100 años de la Publicación de la Encíclica Pascendi con la que San Pio X atajó el modernismo. En el volumen colectivo editado por la Universidad de Navarra se recogen los datos fundamentales de aquél problema. Como recoge el Prof. Santiago Casas en la introducción: "la Encíclica Pascendi (1907) desautorizaba definitivamente una corriente de opinión dentro de la Iglesia que, desde 1890, se había abierto camino entre muchos intelectuales católicos, sobre todo en la exégesis bíblica y en la crítica histórica. La misma encíclica definió y dio cuerpo a una doctrina que, por lábil y etérea, parecía escaparse a las cosificaciones" (p.11).

Evidentemente, la aplicación fue beneficiosa pero dolorosa. Como señala un poco más adelante señala Casas: "La cuestión bíblica (deudora en particular de la crítica histórica) provocó un reguero de disposiciones oficiales que, en la práctica, dificultaron el desarrollo de la exégesis bíblica hasta, prácticamente, la Divino Aflante Spiritu (1943). Fue el efecto perverso, por así decir, de unas disposiciones de la Santa Sede, todas ellas muy bien intencionadas, y muy meditadas y prudentes" (p.13).

La cuestión nuclear la desarrolla acertadamente el Prof. Izquierdo: se trata de la filosofía de fondo de los modernistas: "En cuanto filósofo, el punto de partida es el agnosticismo: no es posible conocer la verdad porque la razón humana, encerrada rigurosamente en el círculo de los fenómenos, es decir de las cosas que aparecen, y tales ni más ni menos como aparecen, no posee facultad ni derecho de franquear los límites de aquéllas. Como consecuencia no es posible el conocimiento natural de Dios" (p.53). Y, respecto a la Escritura, el modernista, en palabras de Izquierdo: "En realidad, los libros sagrados son una colección de las experiencias religiosas más elevadas, y la inspiración divina no es sino la necesidad que el creyente siente de manifestar su propia fe" (p.55). Finalmente, recoge el Prof. Izquierdo la respuesta al problema de la historia que se planteó en el modernismo: "En el caso del conocimiento histórico, la tradición acompaña al método histórico-crítico, que es sensible, sobre todo, al reflejo positivo de los hechos de la historia, al cual permite llegar mucho más a fondo en el conocimiento de la realidad histórica de la que los hechos son solamente una manifestación" (p.75).

En la aportación del Prof. Bedouellet, se recoge un texto publicado por Loaysi, uno de los pensadores que provocaron la Pascendi, 30 años después: "Mis propuestas no eran compatibles con la concepción escolástica de los dogmas. Con la divinidad absoluta de Jesús. No eran sostenibles sino en una teoría relativista de la creencia religiosa y de la inmanencia de Dios en la humanidad" (p.164).

Finalmente, el Prof. Saranyana, en la conclusión de esta obra, señala lo siguiente: "El modernismo teológico no fue un intento de abrir vías de diálogo a la Iglesia con la edad moderna (es decir, con la vida política y con el progreso científico), sino, por el contrario, un intento de transformación de la Iglesia para que ésta se adecuase al mundo moderno" (p.304).

José Carlos Martín de la Hoz

Casas, S. (ed) (2008) El modernismo a la vuelta de un siglo, Pamplona, Eunsa

viernes, 3 de octubre de 2008

Serie: Grandes Hombres


El género biográfico siempre ha tenido mucho atractivo. Grandes personajes y algunos más secundarios que han ido forjando la historia de los pueblos y de las artes o las ciencias han supuesto un modelo digno de imitar en muchas ocasiones, aunque en otras también supongan un modelo a evitar. Muchas veces leídas y contadas como si fueran novelas de intriga, de pasiones, de ambiciones, de santidad o de buen hacer, las biografías son imprescindibles en una biblioteca contemporánea.

Bismarck, de Voltes, Pedro


Frank Capra. El nombre delante del título, de Capra, Frank


Ronald Knox, de Waugh, Evelyn


Antón Chejov. Vida a través de las letras, de Ginzburg, Natalia


Solzhenitsyn. Un alma en el exilio, de Pearce, Joseph

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Conocer Castilla desde los libros


Diario de un cazador, de Delibes, Miguel

Campos de Castilla, de Machado, Antonio

Los comuneros, de Pérez, Ioseph

La ruta de don Quijote, de Martínez Ruiz, José (Azorín)

Castilla y otras islas, de Del Campo, Jesús

domingo, 14 de septiembre de 2008

Novedades de Septiembre 2008

Los estudios de los hijos, de Gallego Codes, Julio

Trece Runas, de Peinkofer, Michael

Retratos del Medioevo, de Vidal Guzmán, Gerardo

Terror.com, de Merlos, Alfonso

Un largo camino, de Beah, Ishmael

Los obispos y la Inquisición

José Carlos Martín de la Hoz

El catedrático de Teología de la Universidad de Salamanca, Francisco de Vitoria, en sus comentarios a la Suma Teológica de Santo Tomás, resalta la importancia del oficio de regir la Iglesia concedido a los obispos, dentro de las funciones otorgadas por Jesucristo cuando instituyó el Colegio episcopal, junto a la cabeza de la Iglesia, el Romano Pontífice. En esos comentarios subraya, también, las demás funciones, y derechos del Episcopado, el origen divino de sus funciones, etc. Todo ello en plena consonancia con la Tradición de la Iglesia.

Precisamente, ante el auge de la extensión del protestantismo, Vitoria levanta su voz para quejarse de la ignorancia y pasividad de los obispos de su época ante la gravísima situación doctrinal planteada por Lutero: "sólo uno de ellos ha escrito contra los luteranos", dirá refiriéndose al que después sería San Juan Fisher (II-II q.2, a.8, ed Vicente Beltrán de Heredia, Salamanca 1932, p.76).

En esas palabras hay un eco del IV Concilio de Letrán (1215), en el que se recordó a los obispos su obligación de permanecer vigilantes ante la herejía: "Si algún obispo fuese negligente o remiso acerca de la expurgación del fermento de la herejía en su diócesis, cuando apareciesen certezas será depuesto del oficio episcopal y sustituido por otro idóneo que quiera y pueda contrarrestar la herética parvedad" (IV Concilio de Letrán, Const. De haereticis, c.3, COD, p.234).

En la reciente bibliografía sobre la Inquisición española, se está volviendo a resaltar los argumentos de los diputados de las Cortes de Cádiz partidarios de la abolición del Tribunal de la Inquisición, que insistían en la defensa de los derechos de los obispos, conculcados por el Santo Oficio, pues suponía, decían, una merma del munus regendi episcopal.

Conviene recordar los argumentos contrarios a esta postura, como la que refleja el diputado por Valencia, Borul: "con el establecimiento del Santo Oficio no se despojó a los obispos del conocimiento de las causas de herejía: lo que se hizo fue destinar a los inquisidores para que les auxiliaran en este pesado cargo, mandando que junto con los mismos hubieran de sentenciar las que se ofreciesen, y que sus procedimientos se habían dirigido siempre no al castigo, sino a la conversión de los herejes" (cf. F. Martí Gilabert La abolición de la Inquisición en España, p.178).

El 22 de enero de 1813, después de muchos debates y con 90 votos a favor y 60 en contra, las Cortes de Cádiz declararon el Tribunal de la Inquisición incompatible con la Constitución. Un mes después se crearon los tribunales protectores de la fe, bajo la potestad de los obispos. Por tanto, la supresión no existió: sólo se reformó su nombre y parte del procedimiento. Así pues, los obispos nunca renunciaron a su oficio de regir la Iglesia, aunque algunos sólo lean parte de la historia.

José Carlos Martín de la Hoz

Para leer más:

Martí Gilabert, Francisco (1981) La abolición de la Inquisición en España, Pamplona Eunsa..

Martín de la Hoz, José Carlos. Inquisición y tolerancia, en Anales Valentinos 45/97, pp.119-154.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Los Gnósticos

José Carlos Martín de la Hoz

Ediciones Trotta acaba de publicar el segundo volumen de escritos gnosticos. El texto ha sido preparado por Francisco García Bazán. Con este trabajo queda completa la edición de los textos Apócrifos del Evangelio en donde apoyaban sus teorías Simón el Mago, Basílides, Valentín, Marción, etc. Cómo es sabido, la herejía gnóstica surgió con gran fuerza en el siglo II, perdurando en múltiples formas hasta el siglo IV. Sintéticamente se trataba de una tergiversación del Evangelio mezclándolo con teorías filosóficas.

Es interesante releer el extenso trabajo de San Ireneo de Lyón, adversus haereses realizado alrededor del 180, en donde da cuenta por extenso, tanto de esos apócrifos, como de las teorías de los autores antes mencionados.

La primera característica del gnosticismo es el clasismo. Por eso, San Ireneo señala: "Me parece que no quieren entregar manifiestamente estas enseñanzas a todo el mundo, sino solamente a aquellos que son capaces de pagar substanciales recompensas a cambio de tan grades misterios". Y añade que la predicación de Jesucristo fue universal: "Porque estas cosas no son como aquellas de las que Nuestro Señor dijo: ‘Vosotros que habéis recibido gratuitamente, dad también gratuitamente’ (Mt 10,8), sino misterios apartados, prodigiosos, profundos, descubiertos con una labor inmensa a todos los amigos de la mentira" (I. 4,3).

Para hacer creíble su doctrina los gnósticos mezclaban textos falsos de la Escritura Santa con textos verdaderos: "Transfieren y transforman y, haciendo una cosa de otra, seducen a muchos por medio del fantasma inconsistente que se forma de las palabras del Señor así acomodadas" ( I. 8,1). Y, más adelante S. Ireneo lo dice con más claridad: "Introducen además subrepticiamente una multitud infinita de Escrituras apócrifas y bastardas, confeccionadas por ellos, para impresionar a los necios y a los que ignoran los escritos auténticos" (I. 20,1).

Los evangelios Apócrifos no funcionaron pues el propio pueblo cristiano los rechazó, como testifica s. Ireneo en pleno siglo II: "Así ocurre al que guarda de manera inalterable en sí la ‘Regla de la Vedad’, que ha recibido por medio de su bautismo; reconocerá los nombres, las frases y las parábolas procedentes de las Escrituras; pero no reconocerá el sistema blasfemo inventado por éstos" (I.9,4).

Una nota más añade S. Ireneo acerca de estos autores y es que se sitúan por encima de los Apóstoles: "Según Marción solamente habrá salvación para aquellas almas que hayan aprendido sus enseñanzas"(I. 27, 3). Y, la consecuencia inmediata: "A partir de los que acabamos de nombrar, han surgido múltiples ramificaciones de multitud de sectas, por el hecho de que muchos de ellos –o por mejor decir de todos- quieren ser unos maestros: abandonando la secta en la que estuvieron y disponiendo una doctrina a partir de otra, después también una tercera a partir de la precedente, se esfuerzan en enseñar de nuevo, manifestándose a sí mismos como inventores del sistema que han construido de esta manera" (I, 28,1).

José Carlos Martín de la Hoz

S. IRENEO DE LYON, Adversus haereses, ed. apostolado mariano, Sevilla 1999


miércoles, 3 de septiembre de 2008

La defensa de la fe en los primeros años

José Carlos Martín de la Hoz

Como es sabido, Jesucristo, antes de ascender al cielo, otorgó a sus Apóstoles el conocido mandato: "
Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; [20] y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 19-20).

Entre otras cosas, para el gobierno de la fe del pueblo y para el tratamiento de la herejía, los Apóstoles recordarían, la siguiente afirmación de Jesucristo: "Si pecare tu hermano contra ti, ve y repréndele a solas. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma contigo a uno o dos, para que por la palabra de dos o tres testigos sea fallado todo el negocio. Si los desoyere, comunícalo a la Iglesia, y si a la Iglesia desoye, sea para ti como gentil o publicano. En verdad os digo, cuanto atareis en la tierra será atado en el cielo, y cuanto desatareis en la tierra será desatado en el cielo"(Mt 18, 15-17). Es decir: corrección fraterna, admonestación eclesiástica, y excomunión.

Santo Tomás, al hablar de la pena de excomunión establecida por San Pablo (cfr.I Cor 5, 2.6), para los herejes, recuerda su significado: defender la fe de los débiles. Por tanto aclara que si los cristianos son firmes en la fe, de tal modo que de su comunicación con los infieles pueda esperarse más bien la conversión de éstos que el alejamiento de aquellos de la fe, no debe prohibírseles el comunicar con los infieles que nunca recibieron la fe, con los paganos y judíos, sobre todo si urge la necesidad (Cfr.S.TOMAS DE AQUINO, Suma Teológica, II-II, q.10, a.9)

Así fue vivido por la Iglesia. Y los obispos, en el transcurso del tiempo, asumieron con normalidad, el munus regendi, que habían recibido los Apóstoles para gobernar la Iglesia. Dentro del cual, como algo muy preciado, estaba el de defender la verdadera fe. Con la excomunión se abandonaba al hereje en las manos de Dios. Al dejarlo ahí, el Señor estaba afirmando el principio de la libertad y de la confianza: es decir se confía en Dios que puede convertir al pecador, y en que el hereje, separado de la Comunidad Eclesial, pueda reconsiderar su posición, y volver, mediante el arrepentimiento, al seno de la Iglesia.

Es interesante releer el extenso trabajo de San Ireneo de Lyón, adversus haereses realizado alrededor del año 180, en donde da cuenta por extenso, del contenido del gnosticismo. En el Prólogo a la obra dice: "Y de la misma manera que nosotros, para responder a tu deseo ya antiguo de conocer sus enseñanzas, hemos puesto todo nuestro cuidado no sólo en manifestártelas, sino también en suministrarte el medio de probar su falsedad, así también pondrás tú todo tu cuidado en servir a los demás, según la gracia que te ha sido dada por el Señor, para que los hombres no se dejen arrastrar en adelante por la doctrina capciosa de estas gentes, que es como sigue"(Lib.I., prólogo).

La conclusión del libro I es la siguiente: "Desde ahora te está permitido, lo mismo a ti que a todos los que están contigo, ejercitarte en todo lo que hemos dicho anteriormente: en destruir las doctrinas perversas e informes de esas personas y en mostrar que sus opiniones no concuerdan con la verdad" (I, 31,4).

José Carlos Martín de la Hoz

IRENEO DE LYON, Adversus haereses, ed. apostolado mariano, Sevilla 1999


lunes, 1 de septiembre de 2008

Sugerencias del mes de septiembre

Los mitos actuales al descubierto, de Barraycoa, Javier

La Paradoja, de Hunter, James C.

Camino de Servidumbre, de Hayek, Friedrich A.

Diario de un pontificado, de Restán, José Luis

Cuentos de Hadas, de Perrault, Charles

Decadencia y Esperanza

José Carlos Martín de la Hoz

Con este sugerente título el Prof. Gómez Pérez desarrolla una cuestión de perenne actualidad: la decadencia que acaece a las personas y a las culturas. Un hecho ya constatado desde la Antigüedad.

El problema, desde la antigüedad está en la decadencia. Las culturas y las sociedades caen en decadencia. Pero, como ha recordado recientemente el Papa Benedicto XVI: "Donde hay campeones de la vida cristiana, santos, hay contagio. Donde hay santos, surgen nuevos santos". Decía hace unos años un viejo historiador que "España es como el rey Midas: todo lo que toca entra en decadencia". Y, para ilustrarlo, recordaba la serie de monedas de oro que los monarcas españoles enviaron a Roma para el embellecimiento de la Basílica de Santa María la Maggiore. Felipe II, envió monedas de oro macizo, Felipe III oro con menos ley y, finalmente, Felipe IV plomo con un barniz de oro.

Desde la Antigüedad los pensadores interpretaron el devenir de las civilizaciones y su historia, como tendente a la decadencia. Tertuliano y otros autores de los primeros siglos de nuestra era, recogieron ese concepto pesimista clásico y le dieron la forma de las etapas de la vida: nacimiento, desarrollo y muerte.

San Cipriano en el siglo IV, estimaba que esa decadencia de las culturas y civilizaciones era normal y que sucedería hasta el final de los tiempos. También, añadía, le sucederá a la Iglesia, en cuanto compuesta por hombres y, por tanto, estará necesitada de santos que la renueven constantemente.

Así pues el concepto cristiano de la historia muestra como la luz del Evangelio, por una parte sustenta la vida de los hombres estén en la fase que estén, y, por otra, que Dios provee también en cada etapa de la historia de un grupo de cristianos santos que devuelvan la esperanza y hagan surgir nuevas culturas. Benedicto XVI resalta en su libros sobre Jesús de Nazaret: "El bautismo de Jesús se entiende así como compendio de toda la historia, en el que se retoma el pasado y se anticipa el futuro: el ingreso en los pecados de los demás es el descenso al infierno, no sólo como espectador, como ocurre en Dante, sino co-padeciendo y con un sufrimiento transformador, convirtiendo los infiernos, abriendo y derribando las puertas del abismo" (p.42).

La esperanza está en Dios y en la fuerza transformadora de la gracia de Dios que viene a través de la oración y de los sacramentos otorgados por Cristo a la Iglesia. En ellos el hombre y las culturas se rehacen con la perenne juventud del Amor de Dios. De paso, los hombres y las civilizaciones se sacuden el yugo de las pasiones y de los acostumbramientos. En esa tarea estamos involucrados los hombres y mujeres de cada generación. Eso sí, podemos estar en el bando de los mediocres o en el bando de los renovadores, todo depende del sentido y orientación que, con la gracia de Dios, demos a nuestras vidas.

José Carlos Martín de la Hoz

Benedicto XVI-Joseph RATZINGER, Jesús de Nazaret, ed. Esfera de los libros, Madrid 2007, 447 pp

Rafael GÓMEZ PÉREZ, Decadencia y esperanza, ed. Rialp, Madrid 2007, 184 pp.


martes, 26 de agosto de 2008

El Modernismo

José Carlos Martín de la Hoz

Han transcurrido 100 años de la Publicación de la Encíclica Pascendi con la que San Pio X atajó el modernismo. En el volumen colectivo editado por la Universidad de Navarra se recogen los datos fundamentales de aquél problema. Como recoge el Prof. Santiago Casas en la introducción: "la Encíclica Pascendi (1907) desautorizaba definitivamente una corriente de opinión dentro de la Iglesia que, desde 1890, se había abierto camino entre muchos intelectuales católicos, sobre todo en la exégesis bíblica y en la crítica histórica. La misma encíclica definió y dio cuerpo a una doctrina que, por lábil y etérea, parecía escaparse a las cosificaciones" (p.11).

Evidentemente, la aplicación fue beneficiosa pero dolorosa. Como señala un poco más adelante señala Casas: "La cuestión bíblica (deudora en particular de la crítica histórica) provocó un reguero de disposiciones oficiales que, en la práctica, dificultaron el desarrollo de la exégesis bíblica hasta, prácticamente, la Divino Aflante Spiritu (1943). Fue el efecto perverso, por así decir, de unas disposiciones de la Santa Sede, todas ellas muy bien intencionadas, y muy meditadas y prudentes" (p.13).

La cuestión nuclear la desarrolla acertadamente el Prof. Izquierdo: se trata de la filosofía de fondo de los modernistas: "En cuanto filósofo, el punto de partida es el agnosticismo: no es posible conocer la verdad porque la razón humana, encerrada rigurosamente en el círculo de los fenómenos, es decir de las cosas que aparecen, y tales ni más ni menos como aparecen, no posee facultad ni derecho de franquear los límites de aquéllas. Como consecuencia no es posible el conocimiento natural de Dios" (p.53). Y, respecto a la Escritura, el modernista, en palabras de Izquierdo: "En realidad, los libros sagrados son una colección de las experiencias religiosas más elevadas, y la inspiración divina no es sino la necesidad que el creyente siente de manifestar su propia fe" (p.55). Finalmente, recoge el Prof. Izquierdo la respuesta al problema de la historia que se planteó en el modernismo: "En el caso del conocimiento histórico, la tradición acompaña al método histórico-crítico, que es sensible, sobre todo, al reflejo positivo de los hechos de la historia, al cual permite llegar mucho más a fondo en el conocimiento de la realidad histórica de la que los hechos son solamente una manifestación" (p.75).

En la aportación del Prof. Bedouellet, se recoge un texto publicado por Loaysi, uno de los pensadores que provocaron la Pascendi, 30 años después: "Mis propuestas no eran compatibles con la concepción escolástica de los dogmas. Con la divinidad absoluta de Jesús. No eran sostenibles sino en una teoría relativista de la creencia religiosa y de la inmanencia de Dios en la humanidad" (p.164).

Finalmente, el Prof. Saranyana, en la conclusión de esta obra, señala lo siguiente: "El modernismo teológico no fue un intento de abrir vías de diálogo a la Iglesia con la edad moderna (es decir, con la vida política y con el progreso científico), sino, por el contrario, un intento de transformación de la Iglesia para que ésta se adecuase al mundo moderno" (p.304).

José Carlos Martín de la Hoz

Santiago CASAS (ed), El modernismo a la vuelta de un siglo, ed. Eunsa, Pamplona 2008, 316 pp.

domingo, 24 de agosto de 2008

Para entender algo de economía

En estos momentos en que la economía es una preocupación nacional puede ser un buen momento para introducirse en los conceptos básicos de la ciencia económica y sus diferentes enfoques, de marcado carácter ético. Hemos hecho una selección de libros de empresa y de economía que permiten calibrar el estado de la cuestión, siempre pensando en la divulgación más que en el texto científico.


Antropología del capitalismo, de Termes, Rafael


Tonterías Económicas, de Rodríguez Braun, Carlos


Economía en una lección, de Hazlitt, Henry


Por qué el Estado sí es el problema, de Woods Jr., Thomas E.


Guía políticamente incorrecta del calentamiento global, de Horner, Christopher C.

sábado, 23 de agosto de 2008

El monacato

José Carlos Martín de la Hoz

El reciente y documentado trabajo de Antonio Linage sobre el monacato, pone de relieve la importancia y la trascendencia de esa benemérita institución que perdura con muchos frutos en nuestros días. En cuanto a los orígenes inmediatos del monaquismo, se han dado muchas interpretaciones. Para los historiadores de la espiritualidad, sus raíces están en la Sagrada Escritura, en las enseñanzas de los Padres de la Iglesia y, en último caso, en el impulso del Espíritu Santo, que guía a la Iglesia y mueve a los cristianos a la búsqueda de la santidad.

Por una parte, convendría resaltar el elemento dinamizador y de tensión espiritual que supusieron las persecuciones. Las huidas provocadas por esas persecuciones, hicieron a algunos descubrir en el desierto su camino para encontrar a Dios. Así interpretó San Jerónimo la vocación eremítica de San Pablo de Tebas, que se refugió en el desierto en tiempos de la persecución de Decio (hacia el 250). Además, el recuerdo de las persecuciones y la doctrina de los Padres sobre el martirio influyeron también en el deseo de ser mártires incruentos.

Por otra parte, al cesar las persecuciones, por la paz de Constantino (313), la Iglesia recibió miles de fieles en poco tiempo. Eso hizo que, en algunos lugares, se perdiera fuerza espiritual en la transmisión del mensaje y profundidad en la catequesis. Esta caída de tensión espiritual la resume Orígenes con toda claridad: "en aquél entonces había pocos creyentes, pero eran creyentes verdaderos, que seguían el camino estrecho que conduce a la vida. Ahora son muchos, pero como los elegidos son pocos, pocos son los dignos de elección y de la bienaventuranza". Por otra parte el siglo III fue un periodo de crímenes y de corrupción moral, con gran burocracia, tiranía -decadencia del Imperio- y, frente a ello, el recuerdo de la primitiva comunidad de Jerusalén de la que atraía su fe inquebrantable y su santidad de vida. Con el paso de los años empezó a hablarse de la necesidad de una vuelta a los orígenes, de la necesidad de una Iglesia santa. Esta sería otra de las raíces del auge del monaquismo.

Ante la abrumadora cifra de miles de cristianos que siguieron este camino, se han levantado voces acerca de la veracidad de esas vocaciones, y de si pudieron influir en ellas causas económicas, huída de responsabilidades y problemas. Es claro que el tiempo y el rigor de esa vida nueva, lejos de toda comodidad, pondría a prueba prontamente esas vocaciones y que sólo los que contaron con la gracia de Dios, y correspondieron a ella perseverarían.

Además, conviene resaltar que los primeros monjes no tenían sensación de ser especiales, ni mejores que los cristianos que se quedaban en el mundo. Por eso comenta el Profesor Pablo Maroto: "no había dos vocaciones diversas, dos caminos de santidad en sentido riguroso, una para los monjes y otra para los laicos, sino que la perfección es única: la del Evangelio. Los monjes son los que se han mantenido fieles al ideal evangélico y para ello habían tenido que rodearlo de estructuras. No obstante, un grave riesgo amenazaba la espiritualidad cristiana: considerar a los monjes -y sólo a ellos- constituidos en un estado de perfección".

José Carlos Martín de la Hoz

Linage Conde, Antonio (2007) La vida cotidiana de los monjes de la Edad Media, Madrid, Universidad Complutense,

miércoles, 20 de agosto de 2008

Eckhart y la divulgación de la santidad

José Carlos Martín de la Hoz

En el transcurso de los siglos se ha planteado el problema, de hasta donde se puede pedir santidad a los cristianos. Es decir si todos están o no llamados a la vida mística. La respuesta del Catecismo de la Iglesia Católica es clara y resuelve una cuestión ampliamente debatida: todos están llamados a la plenitud del amor y de la mística: "El progreso espiritual tiende a la unión cada vez más íntima con Cristo. Esta unión se llama ‘mística’, porque participa en el misterio de Cristo mediante los sacramentos –‘los santos misterios’- y, en él, en el misterio de la Santa Trinidad. Dios nos llama a todos a esta unión íntima con él, aunque gracias especiales o signos extraordinarios de esta vida mística sean concedidos solamente a algunos para así manifestar el don gratuito hecho a todos" (Catecismo de la Iglesia Católica, n.2014).

Un capítulo de esa historia es la vida del Maestro Eckhart (1260-1328). En los años 1311-1312 el Concilio de Vienne comienza una investigación acerca de la vida espiritual de miles de hombres y mujeres, conocidos como beginas y begardos, que si votos ni reglas están buscando la santidad en el corazón de la Renania. Paralelamente otro movimiento, este sí herético, los hermanos del Libre Espíritu, es condenado y perseguido en 1322, por oponerse a los Sacramentos y a la mediación de la Iglesia para la santificación.

Para Eckhart y sus discípulos Cristo y la Iglesia son el único camino para alcanzar la santidad. Como dice Alain de Libera: "Eckhart y sus discípulos sólo repiten la tesis tomista según la que, por encima del modo común por el que Dios existe en todo por esencia, su potencia y su presencia, existe un modo especial, propio de la criatura razonable, en virtud del cual ‘Dios no sólo existe en ella como lo conocido en lo conociente y el amado en el amante, sisino que ‘habita en ella como en su templo’"(p.23).

Eckhart predicó al pueblo sencillo y lo lanzó a la búsqueda de la vida de unión con Dios sin rechazar ninguna de las prácticas espirituales comunes, vida sacramental, etc. Predicaba abiertamente la radicalidad de la humildad y del desprendimiento interior. El fruto de la nada, es la santidad.

En un momento difícil, donde por parte de la Jerarquía eclesiástica se pedía moderación en la predicación al pueblo para no exponer doctrinas sutiles y prácticas más adecuadas para personas ya formadas intelectualmente, se puede entender el proceso y absolución de Eckhart que sometió sus escritos a la Iglesia. Pero también que esa intensidad mística del Maestro pasara a sus discípulos y quedara sintetizado en el Kempis, manual durante siglos para la vida espiritual de los cristianos.



José Carlos Martín de la Hoz



Libera, Alain de (1999) Eckhart, Suso, Tauler y la divinización del hombre, Barcelona La Aventura interior