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domingo, 24 de agosto de 2008

Para entender algo de economía

En estos momentos en que la economía es una preocupación nacional puede ser un buen momento para introducirse en los conceptos básicos de la ciencia económica y sus diferentes enfoques, de marcado carácter ético. Hemos hecho una selección de libros de empresa y de economía que permiten calibrar el estado de la cuestión, siempre pensando en la divulgación más que en el texto científico.


Antropología del capitalismo, de Termes, Rafael


Tonterías Económicas, de Rodríguez Braun, Carlos


Economía en una lección, de Hazlitt, Henry


Por qué el Estado sí es el problema, de Woods Jr., Thomas E.


Guía políticamente incorrecta del calentamiento global, de Horner, Christopher C.

jueves, 19 de junio de 2008

Calvino y la política

José Carlos Martín de la Hoz

En su reciente trabajo, Michael Walzer, matiza las relaciones entre el calvinismo y la política. Para ello comienza por explicar como en el siglo XVI la actividad de los calvinistas en Ginebra, se fue trasladando a Francia y a Inglaterra, adoptando nuevas modalidades aunque con un fondo común. La clave de la cuestión era la entrada en la Comunidad. Eso les constituía en elegidos, o como les llama Walzer, en santos, en predestinados. Ellos mismos se sentían llamados a la construcción de un nuevo orden social y político: “La Iglesia calvinista era una organización inclusiva de cristianos que hacen profesión de fe, santos e hipócritas por igual, gobernados por un comité selecto de ministros y laicos” (p.67).

Calvino llevó a cabo una organización que sustituyera a Roma, con un método férreo: “De manera similar, a aquellos a quienes la Iglesia admitía en la comunión, se les advertía sobre su salvación final. Pero eran santos de este mundo y cosechaban, por lo tanto, recompensas inmediatas por sus vidas y costumbres piadosas. Estos eran los que vigilaban e investigaban y castigaban a los otros” (p.68).

Así comenzó una fuerza política independiente de las monarquías, algo que no habían previsto ni Lutero, ni Maquiavelo, ni Felipe II. Como demuestra Walzer: “Fueron los calvinistas los primeros que desplazaron el énfasis del pensamiento político del príncipe al santo (o a la banda de santos) y que, luego, construyeron una justificación teológica para la acción política” (p.16).
La clave de la cuestión fue el concepto de trabajo que pusieron en marcha: “El diligente activismo de los santos –ginebrinos, hugonotes, holandeses, escoceses y puritanos- indicó que la política se había transformado en trabajo y reveló, por primera vez, la conciencia extraordinaria que dirigía el trabajo” (p.16). Respecto a la relación entre el calvinismo y el capitalismo: “la fe de los hermanos, con su énfasis en el esfuerzo metódico y el autocontrol, fue una preparación admirable para el trabajo sistemático en negocios, oficinas y fábricas” (p.320).

De hecho para poder transformarse en santo y poder ser elegido por Dios para ser salvado era preciso trabajar: “El trabajo era una prueba para la cual los hombres debían presentarse por propia voluntad; no presentarse voluntariamente era evidencia de que no habían sido llamados” (p.234). Efectivamente, demuestra Walzer, son contemporáneos, en el origen, el liberalismo y el puritanismo inglés, pero son caminos divergentes, aunque coincidan en algunos principios. Por eso dirá Walzer: “El calvinismo no está relacionado con la modernidad, sino con la modernización, es decir, mucho más significativamente con el proceso que con su resultado” (p.33). Y, un poco más adelante concluye: “El calvinismo no fue una ideología liberal, si bien la vida congregacional fue, sin duda, un entrenamiento para el autogobierno y la participación democrática”. (p.318).

José Carlos Martín de la Hoz

Para leer más:

Walzer, Michael (2008) La revolución de los santos. Estudio sobre los orígenes de la política radical, Madrid, Katz,